3 tips para cambiar el miedo por respeto
- Mariedith Losan
- 30 jul 2024
- 3 Min. de lectura
¿Qué prefieres? Que tengan miedo o que te respeten. Esto aplica para cualquier tema, pero cuando somos papás, muchas veces necesitamos que nuestros hijos sigan ciertas reglas ya sea para que estén seguros, para que se formen, se desarrollen o aprendan y acabamos cayendo en la imposición de cosas que generan más miedo que respeto.
Las personas, los hijos, los trabajadores, los colaboradores; acaban haciendo muchas veces las cosas más por miedo que por que respeto a ti o a lo que les estás pidiendo.
1. No amenaces.
No chantajes, no coerciones para que se haga lo que tú quieres. Esto es como un paliativo y muchas veces lo hacemos por urgencia, por que no encontramos el camino para llegar y para que se haga lo que necesitamos que se haga.
Por las razones que sean, sin importar si son las correctas o no, si solo hacen lo que pides con amenazas, castigos, etc., probablemente se acaban haciendo las cosas, pero no las hicieron porque te respeten, las hicieron porque tienen miedo a la a la circunstancia o a la consecuencia que se pueda dar de esas amenazas y nadie quiere sentirse mal.
No lo hacen por respeto, sino por evitar el castigo y no están entendiendo además a qué sirve hacer lo que les estás pidiendo, no están encontrando el sentido. Simplemente es cómo lo resuelves, pero es un paliativo. En este momento funcionó, pero no va a funcionar siempre, vas a tener que estar siempre amenazando, chantajeando, regañando y correteando. Entonces, lo primero es que evites el chantaje, la amenza, la manipulación.
2. Permite que las reglas pongan las consecuencias.
En cualquier situación es importante que se pongan reglas bien claras, específicas, con consecuencias muy claras y realizables.
Como somos papás, a veces amenazamos con cosas que son absurdas o irrealizables porque, o no vas a estar, o porque dices cosas como: “Si haces esto… nunca más vas a volver a ir al parque o nunca más vas a poder jugar con el el Playstation” y a final de cuentas, no lo puedes aplicar, porque no es un absoluto o porque no tienes el tiempo de estar ahí para supervisar que se cumpla la consecuencia como tú la dijiste.
Por eso es bien importante que las reglas sean muy claras, bien específicas y definidas, que tengan consecuencias a no hacerlo, que se puedan aplicar, que sean reales.
Si pones este tipo de reglas, ya no te tienes que preocupar de dar el grito, las regla solita tiene una estructura y pasos que van a llevar a que se experimente la consecuencia ya sea negativa o positiva, así de fácil.
Al principio necesitas mucha consistencia y congruencia. Pon reglas congruentes con el nivel de madurez y edad de tus hijos. En el caso de una empresa, toma en cuenta el nivel de responsabilidad que tiene cada quien, las actividades que puede hacer y las acciones que estás esperando o sea el resultado. No le puedes pedir por ejemplo a una persona de un departamento que se haga responsable de algo de la persona de otro.
Trabaja en las reglas, date un tiempo para estructurarlas muy bien y te puedo garantizar que van a trabajar por ti, ya no vas a tener que estar atrás de los demás.
3. Enseña con el ejemplo.
Para esto una vez más la congruencia y consistencia con tus valores es fundamental. No puedes pedir que alguien haga algo que tú no haces, no puedes pedir que te den algo que tú no das.
Si como papá estás pidiendo una conducta, no puedes hacer la otra. Si tú le pides a tu hijo que no tome porque está en riesgo porque es muy chico por miles de cosas y tú llegas borracho cada fin de semana podrás decirle que tú eres el adulto y que tú eres responsable y lo que tú quieras pero no esta habiendo congruencia entre tu conducta y la de él porque tú también te pones en riesgo con ciertas acciones. Tu edad o jerarquía no te exime de algún riesgo, algún accidente. Eso los niños lo ven, no son tontos.
Enseña siempre como con el ejemplo piensa en lo que vas a pedir y cómo lo vas a tu también a vivir para que haya congruencia acuérdate que el ejemplo arrastra.
Pon en práctica estos puntos, cuéntame cómo te va!
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